miércoles, 30 de octubre de 2013
Esperanza en mí.
Debemos de tener confianza en nosotros mismos para poder confiar en los actos positivos que planean las personas de la sociedad donde uno pertenece. Las actitudes de negación son las que más cultivan el mal en un país, en un grupo, en una ideología colectiva, haciendo un catalizador de razonamientos atroces.
Vamos cayendo en un abismo colosal histórico, nos empujamos entre todos para intentar que la desgracia le ocurra primero al otro antes que a uno. Tocaríamos fondo donde la palabra esperanza no existe. Caeríamos en u profundo olvido. ¿Para qué vivir, para qué andar por tu existencia con los pies lastimados y sin dejar huella alguna?, no sería, acaso, mejor dormir eternamente. He pensado en la durabilidad que tendré en las memorias de mis contemporáneos al momento de morir, sin un legado, sin una historia que trate de mí, ni una lección ni un ejemplo a seguir. Yo mismo me estoy olvidando, a veces me siento a mí mismo como un recuerdo melancólico que se repite y se repite y se repite.
domingo, 27 de octubre de 2013
Tangente pensamiento
No soporto la idea de que algún día vengas para despedirte de mí; me recorre el pensamiento en un relámpago furtivo. Comenzó esta idea un día en que tuve una fuerte pesadilla en donde tú aparecías en el sueño en una mañana cualquiera (siempre la mañana, es nuestro tiempo); yo abría la puerta para que entraras, y no solo tú, sino que también entraba contigo una sin fin de mentirosos fantasmas que en sus movimientos fríos de cortinas rotas nos abrazaban. Tenías la cara triste y aún así sonreías. Me tomaste las manos para que me acercara a ti. Y hubo una sola palabra: adiós; me tomaste como quien se sostiene para no caer en un abismo. Los muros y los pisos se agrietaban en este mar sólido del sueño de penumbra de alba. Y el suelo se alejaba de sí y tú con él. El miedo emanaba de mis huesos al verte irte con el mundo y sus muros y sus pisos y sus fantasmas.
Desperté esa mañana para verte igual que en la pesadilla. Pero llegaste no para decirme adiós, sino para decir te amo.
Aunque la idea se aparece entre las horas sé con claridad que no sera de esa manera, siento tú amor dentro de mí y la esperanza de un futuro mejor. He comprendido también que eres un infinito ir y venir: desde siempre, desde que estábamos en la escuela.
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