sábado, 13 de septiembre de 2014

Mis despertares.


Amanece en el momento en que estoy más solo. Rodeado de gente, apenas puedo distinguir el claro paisaje que se distingue a todo lo largo del horizonte, donde nace el nuevo día, manchando la lejanía con su luz de acuarelas, su encendido brillo que lo cubre todo. Es a esta hora en que se borra la línea de la noche y la mañana (si es que algún día la hubo). Cada silueta que se cruza en mi camino desvanecen mi ilusión, al igual que el vapor del agua o del rocío que cubre el pasto se evapora avanzando hacia la tarde; me veo en un laberinto de sueños confusos, en un espejo que no me refleja, refleja a todos. Sólo la música que sale de este aparato cuadrado y negro me ayuda a escapar, que entre hilos de metal transmite la electricidad que hace vibrar los sonidos, hablo del celular. ¡Oh, Música! quién no a recurrido a ti en su tristeza, quién no te ha llorado alguna vez. Mi ilusión en las mañanas es estar allá, lejos, donde pueda apreciar la salida del sol sin tanto ruido frenético, sin tantos pulsos de corazones alborotados; y la música, como un acto de amor, me da aquella sensación de la luz cálida que entibia mi rostro. Y si contigo fuera, Paloma, cuántos días no se perderían en el instante. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Carta desde el rincón de la estrella diurna.



El tiempo avanza, es natural su paso, no se apresura ni se detiene para nada. Una acción universal que tal vez puede estirarse o doblegarse, esto no quiere decir que cambie su estado, más bien es una forma de decir que su relatividad no depende tanto del ser o la materia que existe en él; es un proceso que no es simbólico o de situación múltiple. Me lo imagino como un gran cuerpo, donde brazos y piernas tienen un movimiento que no es igual al de su corazón o a los músculos de la cara. Hablo de una idea sencilla, es más, es incluso una consecuencia de las curiosidades que voy aprendiendo, a través de personas o en fuentes poco confiables. Pero lo que intento no es dar un dato científico, ni una explicación; digamos que es un soliloquio... no; digamos que es una conversación entre tú (Paloma) y yo, en la cual, por esta ocasión puedo yo hablarte sin la necesidad de una respuesta o el experimento de tratarte lejana en el aquí y el ahora.
  Hablo del tiempo, porque a veces lo siento como un dolor, como una forma en que algún dios antiguo toma venganza de su propio olvido, y soy una de las tantas víctimas; también se me ocurre como un acto amoroso que me has dado, para que veamos que el amor nuestro es una forma abierta de vida, o cerrada, ya no sé.
En fin, para terminar esto: tal vez acabe pronto nuestro lento olvido, y se transforme en reencuentro de tú conmigo y yo contigo. O sea, que dentro de muy poco volveremos a vernos de frente, cara a cara, para podernos comunicar el alma encerrada, dos voces que se tocan físicamente...Tiempo es, Amor,la manera de amarnos.   

Canción y canción.

Letra de una canción que escuché en un disco de Joaquín Sabina con Fito Páez. La encontré de la nada, y pues termino gustándome mucho, por ahora.


Tengo una canción,
una habitación,
tengo una muñeca que regala besos,
Nada en especial,
un emotival
no sé cuántos huesos
y una foto de papá y mamá…
¡qué jóvenes están!
Tengo que aprender
uno y uno: tres,
ya se que la vida
es una herida
absurda.
Ganas de matar,
dos copas de más,
una risa curda,
un libro viejo de Roberto Arlt
que no me deja en paz.
Tengo una cruz
de estrellas en el sur.
Y, además,
hoy por hoy,
donde voy?
loco,
mareado por los focos
de azúcar y de sal,
de miedo y vanidad.
Del siglo que cumplí,
del pibe que no fui,
de todo lo que deja cicatriz.
Y no hay manera de evitar
el salto mortal
de vivir. Miércoles… jugo de ceniza,
lunes… pétalos de tiza
en el cristal.
Y… en fin,
tengo todo lo que perdí,
fumo Parisiennes,
toco con Chopin,
cultivo mi jardín,
me pone triste el mar,
y, cuando tardas en venir,
mi cama es una cama de hospital.
Y, además,
tengo una muñeca que regala besos.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Un mensaje para ti.

 Dios. Tal vez no crea en ti tanto, no me imagino que tú guías el camino, que haces caer las flores en otoño, o que nos cuidas en la enfermedad. El amor de la gente se está perdiendo, cada vez más villanos los héroes y más buenas las bestias. ¿Puedes ver acaso como los bosques mueren, como pierden su infancia los niños en la guerra?. Dios, amigo mío, gran escrutador de las acciones, ¿dónde estás?
  Aquellas mañanas en que hiciste venir a ella (Paloma) por qué caminos la guiaste, que ahora busco su senda, su camino que ha dejado sus huellas.
 Dios, quiero contarte, que de verdad siento que la amo. Tú sabes qué es el amor, como tu hijo, el perdón hacia quienes le hicieron daño. Desde tu cielo nos has ido viendo, a través del tiempo. Desde que los desiertos eran mares, hasta nuestra forma de ver el universo ahora. Tus hijos te buscan, ya no sólo en tu palabra. Tantas ganas tenemos de ir a verte, o que vengas aquí.
  Quiero decirte, compañero, que la amo, que la extraño tanto cada hora, cada vez que ya no me puedo acordar de su cara. La silueta de su beso se confunde en la sombra del futuro.
  No hagas que se separen nuestros destinos, no permitas que caiga en ella el odio, ni las máscaras que nos envuelven. Ni tampoco dejes que la atraviese la aguja del dolor. Ya sé que son cosas muy difíciles, unas a las cuales estamos destinados los hombres. Pero no la hagas sufrir tanto.
  La forma de su mirada es el sol del alba; la noche de lluvia, su tristeza; la música, su danza. Y contento la alcanzaba entre nuestros días, abrazándola. Pude sentir como mi corazón latía su sangre, pude sentir su sangre en mis venas. Hablo con su voz... veo con su mirada. Escucho una vieja luz que llega de su alma.
Quiero volver a verla, y amarla como lo hice ayer. Donde hablarle era hablarle, y no la sensación de un teclado en mis dedos; y no la sensación de una grieta en mi reflejo. Ni una lágrima más que ruede por su cara sin que la pueda besar.
 Dios. No te conozco, pero sé que estás no son palabras que se las va a llevar el viento. Siento que soy escuchado.