viernes, 16 de mayo de 2014

Un día diferente.


 Tumbados en la cama de la extraña habitación, viéndonos el uno al otro, empiezas por besarme, te acompaño en el acto para iniciar el ritual que hemos inventado. Sedientos de amor resistimos un poco más nuestras vidas por esto, por aplacar la sed de no tenernos, enriquecer el caudal, de ver cosmos y planetas, galaxias que se extienden gracias a la unión, nosotros.
  Paloma y ruiseñor que se entrelazan en un cielo doblado, infinito, misericordioso. En su vuelo los alcanza el relámpago de la pasión íntimamente secreta. Mueren. Renacen. Prenatal destino que extiende sus alas.
    Sigues avanzando, el enervante sabor tu cuello dilata mis pupilas, tu pecho está cerca del mío, los corazones intentan extender sus venas, tienen ganas de llenar de la sangre del otro su cuerpo, conexión líquida. Mis manos llaman a tu alma, se sale por todas partes de ti; y te duele, lloras y cierras los ojos. Corte de prisma, caída de estrella.  

jueves, 15 de mayo de 2014

Separación y encuentro.


Me he contagiado de estupor, de rápidos colores que cambian, caleidoscopio en mis pupilas. Se me separan los árboles de la tierra mía, fértil idea realizada en el centro del fuego ardiendo.
   Y al despertar del caudal del sueño entristecí. Te tuve tan cerca y no pude tenerte, era una ilusión extraviada, que tal vez buscaba una luz a la cual unirse y terminó dando vueltas en mí interior, cual ave liberada y que apenas puede aletear.
  Seguramente en algún sitio ella pensó en mí. La noche y su luna de oro brillaban con tan verdadero contraste en sus ojos. ¿Dijo mi nombre o el suyo?.
  Si soñé fue porque la extraño, y me entrego a la idea de que su imagen se va perdiendo en el lento tiempo del presente, que en algún momento aparecerá algo que me recuerde que la he olvidado y no la podré recordar.
   

lunes, 12 de mayo de 2014

Un poema de Mario Benedetti


Me das tu cuerpo patria y yo te doy mi río
tú noches de tu aroma / yo mis viejos acechos
tú sangre de tus labios / yo manos de alfarero
tú el césped de tu vértice / yo mi pobre ciprés
me das tu corazón ese verdugo / y yo te doy mi calma esa mentira
tú el vuelo de tus ojos / yo mi raíz al sol
tú la piel de tu tacto /yo mi tacto en tu piel
me das tu amanecida y yo te doy mi ángelus
tú me abres tus enigmas / yo te encierro en mi azar
me expulsas de tu olvido / yo nunca te he olvidado
te vas te vas te vienes / me voy me voy te espero.

Las horas.


Paloma, por qué me castigas con tanta ausencia. No he podido comprender lo necesario para creer en Dios, me falta crecer o morir tal vez. Si tuviera lo que es menester para poder hablar con él, hablaría de ti. Le pediría que te salve, si es posible, de la soledad y de tu miedo que siempre cargas. De la fatiga del sobreencogimiento de la vista cansada. 

Sería natural explicarle lo que siento, Él me comprendería, me daría el por qué de las cosas y cerraría mis ojos por una eternidad. Un sueño profundo donde caer en ti me haga vivir por dentro, un sueño que es realidad y mentira a la vez.

No te volveré a ver nunca más en está vida, tú lo decidiste así, que así fuera para no... (no lo sé todavía). Pero al final del camino encontrare tu sombra, te amaré en el olvido, fruta sin agua, melodía sin sonido, viento sin aroma, vacío a la deriva, cielo bocabajo.