Pero por más que trato de buscar en ella un signo, una mirada, un gesto, no sé bien quién es ella. Me mira diferente ahora mismo, viene a mí con un instinto de ahorcarme, asfixiarme quitando de mí el aliento con su paulatino beso, maduro y dulce, de sus labios.
Pero por más que me resista también sucumbo, me derrumbo en mitad de la batalla y comenzamos ese juego de todos, las reglas casi nadie las sabe por completo. Con dados o sin ellos le propongo el recuerdo y el olvido. ¿Quiénes somos para elegir eso?
Y ahora estoy aquí, imaginándola, la dibujo en mi memoria, su ombligo es el centro para comenzarla... ¿al final sabré cuál será su rostro? pero ahora no la reconozco.