lunes, 21 de julio de 2014

Un sueño en despedida.


Hoy quiero ser poeta. Dejarme llevar por la brisa de los sueños al igual que lo hace el viento con las hojas o el río llevando peces por su caudal; para poder viajar, para poder mirar o sentirme entre la soledad y los pasos de las personas. Ir por entre las calles para poder deambular en secreto, gato negro reposando en las barda. Ser humo extendiéndose en el vacío de una recámara obscura y secreta, ser esa obscuridad y ser el secreto.
  Hoy quiero despertar dormido, ser el protagonista silencioso de lo historia más normal. Tener en reposo el alma y poder escuchar el correr del tiempo. Sentarme en un falso abismo para contemplar el cielo despejado, con aves que se cruzan a la distancia; y que desaparezcan cualquier clase de muro, porque ya hay tantos que parece imposible ahora no imaginarse la distancia sin el triste adorno.
 Hoy quiero ser todos ellos que te rozan al pasar, para así conocerte muchas veces anónimamente; aquellos otros que te dirigen la palabra, para así poderte escuchar todo el tiempo sin atención. Y entre más personas sea yo, más veces te iras yendo del mundo, más me acercaré al olvido de la vida.
  Hoy quiero meterme en ti, en tus sueños, en la carne fresca, en el aire en tus pulmones, en la electricidad de tu corazón y de las neuronas. Eres un profundo mar en que me sumerjo eterno y consciente.  

domingo, 13 de julio de 2014

Un disparo de nieve.

Nos duele perder a un ser querido. Tal vez no soy la persona correcta para hablar del dolor y la tristeza. Pero hay una canción que habla de ello. Me ha gustado tanto, y más en estos tiempos de silenciosa lluvia.
Es de Silvio Rodríguez, se llama "Ojalá". Coloco aquí un vídeo de la canción para que se aumente el recuerdo de esta página.


Diario de un transeúnte joven (10 de julio del 2014):


10 de julio del 2014
Las personas con las que nos cruzamos al transitar en las calles que solemos pasar para llegar a cualquier lugar, pasan desapercibidas ante nuestra percepción de las escenas diarias, de la rutina y la costumbre. Quiero iniciar este diario diciendo que no estamos solos, compartimos la sociedad con desconocidos. Porque siempre que hablo de sociedad o me pongo a pensar sobre ella, pienso en algo lejos, una muchedumbre escondida y a la vez expuesta a la cual soy ajeno, y ahí están, sin embargo son las personas que conforman una masa desconocida y misteriosa, en la que uno también es un órgano más. De la misma forma que vivimos ellos tienen problemas como los tuyos o peores; son felices, son malos, trabajadores, conscientes. Y actúan de tal manera para sus necesidades, deseos y conformidad.

11 de julio del 2014
Por alguna razón me siento solo, absurdamente solo. Creo entenderlo un poco. No lo sé bien... tal vez me equivoque al pensarlo. Todo porque me doy cuenta que en cierta manera puedo caminar por una o dos horas y ni siquiera mirar a las personas que pasan constantemente; las veo como sombras, siluetas que rellenan el trasfondo de los recuerdos, de la memoria. Puedo destacar la tristeza, hablar de ellos y de sus males del pensamiento, su transitar sin color, su ajena vida; pero repito que me siento absurdamente solo, nada tiene que ver con ellos, y sin embargo siento apatía. Me los intento imaginar en un estado constantes de aventuras dignas de contar. La neblina de mi ego los cubre, todo me sucede a mi, porque soy yo: el protagonista de la vida, el héroe sin hazañas ni fama ni nada.

12 de julio del 2014
Cuando llueve y es de noche las calles toman un reflejo colorido, de luces amarillas y rojas. Se crean puntos pequeños que encienden apenas el pavimento. Camino sorprendido y a la vez indiferente ante tan común espectáculo.
  Me siento afortunado de recorrer este lugar, parecido a un escenario de "Alicia en el país de las maravillas". Si en la avenida se dispersa el ruido de los automóviles violentamente, a una cuadra se apaga de un modo increíble. Es obvio que elijo irme por donde hay menos ruido.
  Y en el caos de la noche, imagínate nada más los coches, el caer de la lluvia, las sombras que hacen nacer el miedo; y el este movimiento se posa la luna: fantasma iluminado, astro plateado, silueta que deja ver sus años.

13 de julio de 2014
Los domingos son muy tranquilos en donde vivo. Hay un pequeño kiosko al cual puedo ir a estar un rato. Van niños a jugar fútbol, a andar en bicicleta; otros más grandes se dedican a andar en patineta. Las personas mayores conceden su tiempo a la calma de reposar en las sillas de metal pintado de verde.
  Voy a practicar un deporte que me gusta mucho, el "freestyle soccer". Es un pequeño kiosko con una cancha pequeña, utilizada en las tardes de la semana para jugar voleibol por mujeres adultas. No es la gran cosa, no es muy grande, tiene el piso malgastado, las áreas están tremendamente descuidadas. Pero a muchos les parece un buen sitio para pasar la tarde y descansar.


viernes, 11 de julio de 2014

Un tiempo a aquí.

¿Contestarás otra vez? grito al vacío, encerrado entre las paredes sin oídos y las ventanas que no respiran ni ven. Pero nada me escucha. Igual que la cama que se pierde de tu figura al no tener tacto, me pierdo de tu piel y de la esencia del frágil perfume de tu espalda. Anclado en las pesadillas, en un bosque de obscuros ramajes y la dulce pólvora que explota en tus ojos, encendiendo un crepitar sagrado de llamas que a su vez son azules y amarillas y negras.
  Miro a la muertes desde atrás, desde su principio, su columna que eclipsa la luz de la vida. La encuentro buena, amable en su mirada que reposa en los corazones blancos; y silenciosa en el dolor de la maldad del hombre.
  Vuelve, Paloma. Me faltan tus inútiles manos que acaricien mi cara, me faltan las miradas perdidas que se dilatan en el contorno del iris. Quiero tu pensamiento que vaga de la tristeza al consuelo. Decir tu nombre es hablar conmigo. De tu regreso retornaran las flores ignoradas, música que sale de tu cuerpo, besos que empiezan por marchitarse y acaban en brote tierno, feto vegetal. Las letras de los libros, el agua del vaso, la sangre cristalina, diáfano sepulcro de mi ser.  

Grito

Una imagen increíble.


miércoles, 9 de julio de 2014

Diario de un transeúnte joven (09 de julio del 2014): Entre lugares.


Voy en la tarde a la escuela, está lejos de mi casa, en un lugar diferente. Tardo más o menos cuarenta o un hora para poder llegar a donde pueda tomar el transporte público. Calles y casas, vehículos entre la entretejida maraña de avenidas, domicilios, rutas de escape, gente y gente saliendo de todos los lados, semejantes a peces o a un hormiguero y sus hormigas que se pasean en un laberinto conocido y al aire libre.   ¿Así debería de ir un diario, comenzando explicando las formas de la rutina? ¿ para qué explicarlo? No sería absurdo de algún modo presentarme cortésmente ante un publico ahora mismo; mi nombre es tal, tengo tantos años, soy de tal país, mis padres son estos y la cantidad de hermanos es la siguiente. No tengo idea de cómo comenzar. Pero continuare, diré todos estos datos al transcurrir de lo que vaya escribiendo y al final saldrán.

Hoy tengo que salir más temprano de lo habitual por motivos escolares. Estoy estudiando la carrera de Artes gráficas, voy en el tercer cuatrimestre de nueve o diez, no tengo la menor idea. Pero hoy saldré a imprimir un vector que he realizado en la madrugada. Triste situación porque tuve mucho tiempo para hacerlo y lo comencé en la noche, llegando de la escuela. A ver cómo me va.
De todas formas dejo la imagen de una mujer belllisima. (que Paloma puede no mirarla si quiere.)

martes, 8 de julio de 2014

Diario de un transeúnte joven (08 de julio del 2014): primer día.



Hoy voy a comenzar a escribir un diario del acontecer de mis viajes, aproximadamente de dos horas, de mi casa a la escuela, y viceversa.



  Antes que nada me gustaría definir la palabra diario. Sin consultar diccionarios ni nada, a mi manera de verlo. Siempre que escucho la palabra diario pienso en lo que he visto en las películas, en las caricaturas o en las series; más bien no tengo un recuerdo preciso de cómo es que tengo esta idea. Me imagino que es una libreta donde una persona escribe de forma un tanto secreta lo que piensa, pero que no es capaz de confesarlo; desde declaraciones de amor y odio hasta formas de sacar los miedos, pesadillas y anhelos que nos hacen soñar despiertos. También la palabra se relaciona mucho con las niñas, una trivialidad muy mala de hecho, porque aniquila la gran aventura que es escribir, y peor para esta sociedad mexicanisima. La cual el machismo la encierra e impide una armonía más equilibrada. No sólo es el machismo, se puede hablar del ocio, de así es el mexicano y de chingarse al otro para avanzar.

No escribiré nada hoy de lo que me ha pasado, quiero empezar por algo sencillo. Tengo mucho espacio para extenderme y debo de acomodar mis ideas.. Te invito a leerlo. Sino, puedes retirarte. (Paloma, me gustaría que lo leyeras y me me contaras lo que tú piensas.)

domingo, 29 de junio de 2014

¿Dónde?


De perfil no me recordaba nada. Su rostro era hermoso pero tenía algo duro. El pelo era largo y castaño. Físicamente, no aparentaba mucho más de veintiséis años, pero existía en ella algo que sugería edad, algo típico de una persona que ha vivido mucho; no canas ni ninguno de esos indicios puramente materiales, sino algo indefinido y seguramente de orden espiritual;  quizá la mirada, pero ¿hasta qué punto se puede decir que la mirada de un ser humano es algo físico?; quizá la manera de apretar la boca, pues, aunque la boca y los labios son elementos físicos, la manera de apretarlos y ciertas arrugas son también elementos espirituales. No pude precisar en aquel momento, ni tampoco podría precisarlo ahora, qué era, en definitiva, lo que daba esa impresión de edad. Pienso que también podría  ser el modo de hablar.
                                                                                                   
                                                                                                  (El túnel, Ernesto Sabato)  

viernes, 27 de junio de 2014

Del viento pintado.


Hay poemas, frases de grandes pensadores, pinturas, canciones, escenas de películas que se quedan grabados en la mente, diría que hasta en la piel o en la mirada. En mí caso, más o menos de un par de días para acá, me he llenado de poesía. Por ejemplo, leí "Algo sobre la muerte del mayor Sabines"; atravesé el poema casi ido, si no fuera yo el que hablaba al leerlo, tuvo que ser mucha gente en mí, una ráfaga de figuras y de qué pensar ahora. El la primera parte casi hasta el final, dice: 

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa, sudor y cataclismo,
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Se me a quedado grabado muy fuerte. Me siento en un equilibrio frágil. La poesía viene y vana en el movimiento de la ciudad, pero a veces, mientras camino en una calle, al pasar por un parque, al entrar y salir de las puertas; viene a mí el fragmento. No sé si a rescatarme o a ponerme en duda de lo que estoy haciendo y para qué lo estoy haciendo.

jueves, 26 de junio de 2014

Desde la hora.


Sin embargo estás letras caen del cielo. Pueden descifrarse sólo en el interior de quienes han leído una nube, un cataclismo, un lugar, su infancia. Pero, tratamos, de buscar el significado. Puedo decir que no hay letras, ni símbolos, formas o paisajes definidos en el mundo. Pretender entenderlo todo, volverse frío ante las emociones. Analizamos las posibilidades, damos entrada a la razón, a buscar métodos para seguir los instintos, lo que se nos ha dado como nuestro pero del cual no somos dueños.
  Hablar de amor, en vez de hacerlo, estudiar poemas en vez de sentirlos. La música, matemáticas, física y la propia vida nos aburren. ¿Aburrirse de la vida? ¿no acaso hay una sola?. Sin embargo caen estás letras del cielo, caen y se siembran en la tierra. Árbol hecho de pensamiento, y sus hojas caen.
  Digo que puedo sentirme vivo, que me siento muerto en vida, también. El encuentro de palabras que marcan ha la humanidad.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Deambular de sueño.


También recuerdo las manos frías que se entibiaban en la caricia unida. Del viento de la mañana ajeno que asomaba su sombra a los ojos cerrados por el beso. El reloj y sus vueltas, pasos circulares de agujas, rueda quieta y de metal. A los fantasmas que se van y vuelven cuando creábamos un mar vacío, un bosque sin follaje. Gritos enredados en telarañas, techo con estrellas de papel, libros donde hay historias de ruiseñores y palomas y de amor y de lejanía.
Recuerdo las paredes que se derriten y de su magma que nos ahogaba. Las nueve, las diez, las once y las doce. Infinito tiempo finito, brazos de galaxias con un brillo tenue. Y el color de los ojos de entre sueños y palabras quedas. Pies descalzados, piernas y brazos y cuerpos que se entrelazaban como humo subiendo y expandiéndose. Partes de máscaras que se posaban lejos, y muy lejos donde las nubes han de chocar con el horizonte y Dios.