domingo, 29 de junio de 2014

¿Dónde?


De perfil no me recordaba nada. Su rostro era hermoso pero tenía algo duro. El pelo era largo y castaño. Físicamente, no aparentaba mucho más de veintiséis años, pero existía en ella algo que sugería edad, algo típico de una persona que ha vivido mucho; no canas ni ninguno de esos indicios puramente materiales, sino algo indefinido y seguramente de orden espiritual;  quizá la mirada, pero ¿hasta qué punto se puede decir que la mirada de un ser humano es algo físico?; quizá la manera de apretar la boca, pues, aunque la boca y los labios son elementos físicos, la manera de apretarlos y ciertas arrugas son también elementos espirituales. No pude precisar en aquel momento, ni tampoco podría precisarlo ahora, qué era, en definitiva, lo que daba esa impresión de edad. Pienso que también podría  ser el modo de hablar.
                                                                                                   
                                                                                                  (El túnel, Ernesto Sabato)  

viernes, 27 de junio de 2014

Del viento pintado.


Hay poemas, frases de grandes pensadores, pinturas, canciones, escenas de películas que se quedan grabados en la mente, diría que hasta en la piel o en la mirada. En mí caso, más o menos de un par de días para acá, me he llenado de poesía. Por ejemplo, leí "Algo sobre la muerte del mayor Sabines"; atravesé el poema casi ido, si no fuera yo el que hablaba al leerlo, tuvo que ser mucha gente en mí, una ráfaga de figuras y de qué pensar ahora. El la primera parte casi hasta el final, dice: 

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa, sudor y cataclismo,
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Se me a quedado grabado muy fuerte. Me siento en un equilibrio frágil. La poesía viene y vana en el movimiento de la ciudad, pero a veces, mientras camino en una calle, al pasar por un parque, al entrar y salir de las puertas; viene a mí el fragmento. No sé si a rescatarme o a ponerme en duda de lo que estoy haciendo y para qué lo estoy haciendo.

jueves, 26 de junio de 2014

Desde la hora.


Sin embargo estás letras caen del cielo. Pueden descifrarse sólo en el interior de quienes han leído una nube, un cataclismo, un lugar, su infancia. Pero, tratamos, de buscar el significado. Puedo decir que no hay letras, ni símbolos, formas o paisajes definidos en el mundo. Pretender entenderlo todo, volverse frío ante las emociones. Analizamos las posibilidades, damos entrada a la razón, a buscar métodos para seguir los instintos, lo que se nos ha dado como nuestro pero del cual no somos dueños.
  Hablar de amor, en vez de hacerlo, estudiar poemas en vez de sentirlos. La música, matemáticas, física y la propia vida nos aburren. ¿Aburrirse de la vida? ¿no acaso hay una sola?. Sin embargo caen estás letras del cielo, caen y se siembran en la tierra. Árbol hecho de pensamiento, y sus hojas caen.
  Digo que puedo sentirme vivo, que me siento muerto en vida, también. El encuentro de palabras que marcan ha la humanidad.  

miércoles, 25 de junio de 2014

Deambular de sueño.


También recuerdo las manos frías que se entibiaban en la caricia unida. Del viento de la mañana ajeno que asomaba su sombra a los ojos cerrados por el beso. El reloj y sus vueltas, pasos circulares de agujas, rueda quieta y de metal. A los fantasmas que se van y vuelven cuando creábamos un mar vacío, un bosque sin follaje. Gritos enredados en telarañas, techo con estrellas de papel, libros donde hay historias de ruiseñores y palomas y de amor y de lejanía.
Recuerdo las paredes que se derriten y de su magma que nos ahogaba. Las nueve, las diez, las once y las doce. Infinito tiempo finito, brazos de galaxias con un brillo tenue. Y el color de los ojos de entre sueños y palabras quedas. Pies descalzados, piernas y brazos y cuerpos que se entrelazaban como humo subiendo y expandiéndose. Partes de máscaras que se posaban lejos, y muy lejos donde las nubes han de chocar con el horizonte y Dios. 

sábado, 21 de junio de 2014

A media noche (poema de Jaime Sabines)



A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo?

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer.)

Mar de mares.


He transmigrado a la ausencia de apariencias, aquellos ojos reflejaban sin querer a mi persona, era un mártir más entre los vagabundo del ser. Despegaba las máscaras al momento de besarme, nos entregábamos a un silencio que poco a poco si iba formando a través de las fechas del calendario. Apenas y nos movíamos en el tiempo. Pude ver quien era, un pobre hombre igual a todos. Pensé que mi manera de ver el mundo se parecía a los sueños, a un libro y sus páginas, un personaje de una obra de teatro, sentía la quietud de una estatua o pintura, pero la música se encerraba en su voz, ¿encerrar? más bien se liberaba. Sin embargo, ¿qué tan distinto era éso? ¿a qué venía aquí?. No lo sé, tal vez a muchos nos pasa que en cierto momento de la vida nos sentimos los únicos, los que sufren, los que aman y gritan a la noche de la vía láctea. Sólo cada uno.
Y sin querer el tiempo avanza, parece que los hombres se les da por querer detener el tiempo en un momento especifico de su existencia. Les da miedo avanzar, porque a veces avanzar significa ya no tener, ya no amar, ya no poder. Hay un derrumbe que los destruye. Unos son más fuertes que otros.
 Hay poetas, hay pintores, hay a quienes les gustan las mujeres más que los autos, hay a quienes les gusta el dinero que las personas.
 Pero ayer al igual que hoy y mañana, tengo la posibilidad de verla a ella, que también cambia y cambia. Me encanta ver que nunca se encuentra, pero no se pone triste. Como a veces me ama y en otras no, puedo ver que sigue en su búsqueda porque también a veces ella misma se odia o se ama. Y es feliz.




Un círculo igual.


¿Qué cantidad de vidas se pierden o cuántas surgen al correr de los días? Sólo los dioses desde los cielos conocen la cifra. Saben que el cambio en el mundo es invariable, que todo surge a causa de una extinción.
Nosotros los seres vivos hemos comprendido que para avanzar a la vida hay que extinguir. No es malo si se hace con la conciencia de la naturaleza, si se hace con la razón propia de vivir.
  Somos inconstantes a lo que sabemos de la vida. Aprendemos a través de las enseñanzas de la escuela y de la casa. Sabemos como hay que vivir y qué es lo que debemos de hacer para un futuro mejor.
  Tenemos un mundo de representaciones otra de conciencia y un mundo donde se vive realmente. Este último es donde a lo que se hace se presenta siempre una causa que produce una verdad, una forma que nunca cambia. Aquí todo funciona, ya que si no es así es ilusorio, irreal. El arte es una conexión, un puente que sirve de un lado a otro. Cuando se hace arte se expresa lo que uno lleva adentro, uno da a entender su realidad a los demás, no sólo a los demás sino para esclarecerse lo que nos abruma. Pienso cuando alguien relata sus sueños, cuando uno lleva varios años pensando en su triste y habla de ello. Una visión que resulta en lo que somos. No hay otros, pero sí la forma en como nos vemos.
  Y lo mejor es que cada quien tiene un pensamiento diferente a lo que le llama arte. Cuando es así se debe de respetar a lo más que se pueda, pero cuando se habla de verdad. Un camino de salvación, un amor que penetra en la sangre para abrir las puertas del mundo.

martes, 17 de junio de 2014

La culpa.


El rigor con que justificamos los errores que vamos cometiendo se vuelve en ciertas personas un acto de culpa, de exageración que sustenta la pena. Y nos vamos mortificando, aceptamos lo que hemos roto, pero al momento de hacerlo siempre comenzamos a engañar una pequeña parte de lo que somos para atacarnos. Somos los únicos culpable, los que no tienen sitio para la reparación, un vaso quebrado, un trozo de cielo que se cae a pedazos. Entramos a un límite, las consecuencias se nos parece que van creciendo y creciendo, así que nos repetimos que estuvo mal, que algo estuvo terriblemente mal y que el solo peso del tiempo mal seguido lo vamos a cargar nosotros... tú o yo, ellos y él y ella.
Descontrolamos lo que pensamos, lo transformamos en la cruz que va en las espaldas. Un arco que zumba al cortar el aíre.
Y siempre vamos a estar equivocados, nunca nos paramos a pensar qué nos ha llevado a cometer aquel error; consecuencia de ellos es la repetición, la constancia de volver al mismo lugar. Nos decimos fuerte "así es la vida", y siempre estamos equivocados.

lunes, 16 de junio de 2014

Entre la soledad y el alba.


Lentamente se apagan las horas de aquella lejana pasión. Nunca sembramos un árbol ni hicimos máscaras de papel, tampoco fuimos al cine ni vimos un atardecer.
Ella y yo contemplábamos un mundo diferente, en nuestros cuerpo se sembraron miles de bosques, máscaras varias nos poníamos al alejarnos. Y siempre ella era el arte, la guerra entre la diversa existencia de lo real y el sueño, supremo y fantástico.
Ahora me sostiene las manos mientras termina la aurora del tiempo, del segundo nacimiento de la palabra y el encanto de sentirse vivo. Ella me dice y yo respondo. Ella nunca me habla y yo respondo. 

Just Breath

Una canción de Pearl Jam. Muy buena, escúchala:

         



domingo, 15 de junio de 2014

Sembradero.


Quiero que venga, que llegue como lo ha hecho siempre, volando y corriendo sobre del agua. Que entre por la ventana de mi ausencia y que me despoje de la pesadilla que estoy viviendo. Nunca, nunca, nunca.

Me dices que no tienes cara para verme, que no estás preparada. Que te has ido. Me duele en la vida, es como si hablaras del panteón, no vas a venir a ver a un muerto, pero estás de luto.
Y te has convertido en una piedra, sin la menor preocupación de esté dolor sin sabor. Yo que siempre andaba preocupado por ti, de lo que me contabas, de tus penas, de tu forma de filosofar. Has cambiado.
Pero creo que es una forma de descubrirte, uno hace cosas malas cuando tiene miedo y se siente extraviado. Un lastima a veces a quien no quiere.
Te esperaré, tengo la fe de que llegaras y me dirás dela tu vida nueva. Serás la de antes pero con más vitalidad, con más orgullo de tu vida.