viernes, 13 de septiembre de 2013

Todos y un cuerpo.


Andar por un territorio muerto, negro de huesos, frío de piel; pisar su suelo lleno de flores marchitas (campos de sal y arena). Andar por un paraje de ríos de lenguas muertas y deseos creados por los demás, los demás que ni siquiera viven aquí. Un pueblo al cual llamo hogar, muchas personas también le dicen así y lo niegan. No todo está desnaturalizado, hay por ahí y por acá personas que intentan cambiar o subyugar lo execrable, lo malversado, lo destruido. Personas que sienten un profundo deseo de recuperar la identidad que desde hace muchas generaciones se viene desgajando.

Soy parte de todos, parte de un conjunto multitudinario. No todo está muerto, nada está muerto. Vasta con tener una flor en este camino tempestuoso, puede ser la familia, los amigos, el amor.

Y al dormir escucho el lamento de tantos siglos de una ciudad estatua, de una ciudad que es cuerpo de mi cuerpo, que, a pesar de su quietud, se desliza en una lenta caricia que me llama, que nos llama. Nosotros somos la ciudad, la polis, la cultura, la identidad, el margen y el área de la sociedad.

¿Para qué decir que todo está mal?, los hombres siempre han vivido así y seguimos vivos, no hablo de aceptar lo malo ni de conformismo ni de parcialidad. Hablo de un amor hacia lo que somos y así nuestra lucha por un espacio mejor. El tiempo de cambio ya pasó, nos toca mantenernos de pie.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario